El jueves 22 y el viernes 23 de octubre, todos los que formamos el equipo de Human Level nos reunimos en nuestras oficinas de Sant Joan d’Alacant. Como trabajamos en remoto, muchos vivimos lejos de Alicante, así que estos encuentros son la excusa perfecta para hacer piña en persona. Esta vez, además, conocimos a los cuatro últimos compañeros que se han incorporado: Roberto, Alejandro, Carlos y Fabián.
El concepto del evento giraba en torno a la relación entre los humanos y la IA. Tanto con dinámicas divertidas como con una presentación más formal, exploramos juntos cómo interactuamos con esta potente herramienta y qué capacidades seguimos conservando sin ella.
Jueves: un trivial para romper el hielo
Nuestra responsable de Marca y Gestión Interna, Aurora Maciá, nos tenía preparada una sorpresa para la tarde del jueves. Tuvimos que dejar nuestros móviles a un lado y participar en un trivial por equipos para saber si seguimos siendo capaces de responder preguntas sin la IA.
El primer reto fue ver si éramos capaces de acertar preguntas de cultura general igual de bien que las AI Overviews. Luego, tuvimos que demostrar nuestros conocimientos de geografía localizando países de Europa sin la ayuda de Google Maps. Quedó claro que sin GPS, ¡acabaríamos perdidos! Lo que sí que se nos dio bien fue adivinar canciones en pocos segundos a lo Shazam. La última prueba premiaba a quien estuviera más al día en redes sociales, porque había que completar frases de los memes más virales de España. Ahí se notó quién pasa más tiempo con el móvil en la mano.
Con el trivial terminado, llegó el catering. En un ambiente más distendido, aprovechamos para grabar contenido para nuestras redes sociales: varios compañeros se pusieron delante de la cámara para responder preguntas sobre el futuro de Internet y del SEO. Muy pronto podréis ver qué opinamos.

Viernes: de lo artificial y lo humano
La mañana siguiente estuvo más centrada en el trabajo. Nuestro director, Fernando Maciá, compartió con nosotros una presentación sobre cómo colaboramos y nos relacionamos con la inteligencia artificial. Se tituló «De lo artificial y lo humano» y bebía en buena parte de los artículos y charlas de Maggie Appleton y Amelia Wattenberger, dos investigadoras que trabajan en GitHub y publican artículos muy interesantes en sus webs personales.
El punto de partida fue que los modelos de lenguaje están cambiando nuestra forma de pensar. Pueden servirnos para aprender y abrirnos a ideas nuevas o, si los usamos mal, para reforzar lo que ya creíamos y encerrarnos en nuestros prejuicios.
Para entender qué está en juego, Fernando hizo un recorrido por las llamadas «herramientas para el pensamiento». La escritura, los mapas, los numerales, el método científico o las hojas de cálculo ampliaron en su momento lo que éramos capaces de pensar. Ya en el siglo XX, Vannevar Bush imaginó el Memex, una máquina para expandir la memoria humana, y J. C. R. Licklider y Douglas Engelbart soñaron con ordenadores que cooperaran con las personas y aumentaran su intelecto. Los LLM podrían parecer la culminación de ese sueño, pero queda por ver si de verdad aumentan nuestras capacidades.
La respuesta depende de cómo los usemos. Para ello, quisimos aprovechar una imagen muy gráfica empleada por el filósofo Daniel Dennett durante su charla para Google: una excavadora nos permite mover una montaña, pero nosotros seguimos siendo unos enclenques, mientras que una máquina de gimnasio nos obliga a levantar el peso y nos transforma. De ahí surgió el debate entre las herramientas competitivas, que hacen el trabajo cognitivo por nosotros y nos dejan con menos habilidades cuando no las tenemos a mano, y las herramientas complementarias, que nos enseñan algo mientras las usamos.
Y ahí Fernando nos lanzó la pregunta: ¿cómo conseguir que la IA se comporte como las segundas? Lo primero es conocer sus limitaciones. Los LLM no tienen experiencia del mundo real, predicen a partir de lo que ya existe en lugar de crear algo realmente original, tienden a dar respuestas cerradas aunque la petición sea ambigua, prefieren darnos la razón y, por su propio funcionamiento, no siempre citan sus fuentes.
Fernando también nos habló del pensamiento vertical y el lateral. El primero avanza paso a paso por el camino lógico, y ahí los LLM se mueven con soltura, porque tienden a darnos la respuesta más probable. El segundo busca soluciones por caminos inesperados, igual que la serendipia, esos hallazgos que aparecen por casualidad cuando buscábamos otra cosa. Para ambos seguimos necesitando la curiosidad y la experiencia de las personas.
Por eso, en cualquier tarea que exija criterio, primero debemos formar nuestra propia postura y solo después consultar a la máquina. Es la misma filosofía con la que nació Human Level en 2005: la tecnología es la herramienta, pero quien decide es la persona. Nuestra experiencia y el conocimiento que tenemos de cada cliente son justo lo que le falta a la IA, y ahí es donde aportamos valor.

El reto del viernes: consultores modo offline
Tras un pequeño almuerzo a media mañana, pasamos de la teoría a la práctica con una dinámica en grupo. De nuevo en equipos formados al azar y sin más tecnología que papel y lápiz, tuvimos que preparar una estrategia de encontrabilidad para un cliente ficticio. Cada grupo contaba con un searcher persona y con un cliente asignados, interpretados por dos personas del equipo, para ayudarles a dar forma a una estrategia capaz de suplir las necesidades de ambos. Tanto el usuario como el cliente contaban con una ficha con información para compartir con su grupo pero también con restricciones y motivos ocultos. Algunas reglas complicaban el asunto: cada equipo podía realizar hasta un máximo de 30 preguntas en total a sus ayudantes y ellos, por su parte, solo podían responder «sí», «no» o «no lo sé».
Fue un desafío que nos obligó a rompernos la cabeza y a pensar muy bien cada pregunta para no desperdiciarlas. Con la información que sonsacamos al usuario y al cliente, fuimos rellenando las fichas de contexto de empresa, searcher persona, customer journey, keyword y prompt research. Una vez tuvimos este mapa, propusimos una serie de contenidos con los que nuestro cliente podría ser visible allá donde el usuario busca. Cada grupo presentó su estrategia frente a los compañeros y el “cliente” tuvo entonces la oportunidad de hacer preguntas.
Al final, cada actor compartió sus impresiones: si los compañeros habían sido capaces de descubrir sus secretos, si la estrategia presentada les parecía adecuada y, ya entre todos, votaron al grupo ganador.
Fue una dinámica que, al eliminar las capas de software, IA o automatización, nos llevó de vuelta a las bases de lo que hacemos: entender al usuario, entender a nuestro cliente y construir puentes entre ambos en el entorno online.

Hasta el próximo encuentro
Cerramos la jornada con una comida todos juntos. Después llegaron las despedidas y, poco a poco, fuimos poniendo rumbo a la estación o al aeropuerto para volver a nuestras ciudades.
Volvemos a la rutina con las pilas cargadas tras dos días de risas y compañerismo. Y, también, con una idea clara sobre la IA: puede hacernos mejores profesionales siempre que el criterio siga siendo nuestro.






